viernes, 19 de julio de 2013

El cine que hace falta; El mundo tras Julius

El mundo tras Julius es un documental filmado por Enrique Rodríguez y Pablo José Colado en 2013, ambos estudiantes de Comunicación Audiovisual. El documental, que cualquiera puede visionar en internet de manera gratuita (ver documental), se centra en la figura de Julius, un vagabundo alemán que apareció un buen día en la ciudad de A Coruña, para más tarde viajar a Lugo y terminar con su ingreso en un psiquiátrico, en donde murió al poco de ingresar, a los 31 años de edad.

el mundo tras julius


El proyecto se realizó con fines académicos, no lucrativos. Es entonces cuando podemos hablar de un cine realmente independiente, no sujeto a ningún tipo de condicionante y libre de las influencias del campo económico y político. A través de la figura de Julius se nos muestra la interacción que la sociedad practica con los individuos sin techo, los mendigos y otros integrantes de las capas más inferiores de nuestro sistema. Una sociedad que toma al protagonista de este documental por una atracción de feria, fotografiándole e incluso buscando fotografías a su lado, un pasatiempo nuevo en la ciudad, algo de lo que hablar. Es un documental crítico para con la sociedad en la que vivimos, cercano y directo, sin artificios innecesarios.

Imágen de el mundo tras julius

Los diversos medios de comunicación que han hablado sobre este documental se han centrado en la figura de Julius, y en el dilema al que se llegó por parte de las autoridades sobre si internarlo o no en el centro. Sin embargo quizá sea más importante el comportamiento social derivado de la presencia de este individuo, tal y como se puede ver en el documental, muy significativo en cuanto a que muestra la sociedad tal y como es, banalizada en demasía.

Cuando uno visualiza un filme de tipo independiente no puede evitar reflexionar sobre la situación actual del cine. Como apunta uno de los creadores de este documental, no se entiende como, teniendo acceso a través de internet a casi todas las películas producidas desde comienzos del siglo XX, la sociedad se traga lo que Hollywood le pone delante, sin cuestionárselo. Realmente si es comprensible, una vez se estudian las técnicas de marketing y comercialización de los productos culturales a nivel mundial. Funciona de la misma manera que el McDonalds, teniendo comida sabrosa y natural, ¿porqué la sociedad se mete eso en el cuerpo?, por lo mismo que Harry Potter o Los Vengadores recaudan millones y millones de dólares.

El cine independiente es cada día más necesario, otro elemento más en pro del cosmopolitismo frente a la barbarie globalizadora. La sociedad necesita ser más cosmopolita y menos global, más libre. Y en este contexto, documentales como El mundo tras Julius nos invitan a ver la realidad cara a cara.


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lunes, 15 de julio de 2013

La vuelta de tuerca

Cuando pienso en una "vuelta de tuerca" o "twist ending", ya sea en cine o literatura, no puedo evitar recordar algunos de los relatos de Borges. Si bien no se puede decir que el escritor argentino emplee dichos recursos en sus relatos, sí me recuerdan a esas vueltas de tuerca por la sensación que causan en el lector, que inocentemente confía en lo que se narra hasta que un suceso o dato al final de la historia la golpea, transmutando todo sentido de la misma.

El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, 1920)
Escena de la película el gabinete del doctor Caligari

De Wiene, pero casi dirigida por Fritz Lang, quien tuvo en sus manos el guión pero lo rechazó por tener que preparar otra película. He aquí una obra maestra del expresionismo alemán de los años 20, cine con cuatro letras; C-I-N-E. El gabinete del doctor Caligari, es una de las primeras películas de terror del siglo XX. La historia es relatada por un hombre a otro, ambos sentados en el banco de un jardín al inicio de la película. Francis relata a través de un flashback, al hombre sentado a su lado, la llegada a la ciudad del Doctor Caligari y el sonámbulo que está bajo su control (Cesare), así como los crímenes cometidos por ambos y cómo intenta detenerlos cuando el sonámbulo secuestra a Jane, su prometida. Finalmente Francis persigue a Caligari hasta un psiquiátrico. Es en este instante cuando la trama gira (pulsar botón "Mostrar"), junto con el narrador, que hasta este momento era Francis y se ve substituido por un narrador extradiegético.  


Algunos acontecimientos confusos se producen una vez ambos personajes entran en el psiquiátrico. Estos sucesos, si bien en un principio descolocan al espectador, poco a poco van cerrando la historia, en donde vemos como Francis es capturado por los médicos y encerrado en una habitación del complejo. Todo el relato había sido una ficción diseñada por él mismo, un paciente del psiquiátrico dirigido por el Doctor Caligari, y contada a otro paciente, ambos sentados en un banco del jardín del psiquiátrico. Francis había construido su historia para dar explicación a su situación actual, según él, encerrado erróneamente (así como su amada Jane) en un psiquiátrico por un falso doctor.






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martes, 2 de julio de 2013

El guión cinematográfico: la herencia aristotélica



Muchos teóricos y guionistas consideran la Póetica de Aristóteles como el primer manual del guión, sobre todo por su claridad y carácter práctico. Analizó todos los elementos que hoy en día podemos ver en una película. Su objetivo era el de proporcionar  a los poetas de su momento una guía que les sirviese a la hora de crear sus obras, basándose en Edipo Rey de Sófocles, la obra que consideraba perfecta.

guion cine


Aristóteles parte en su Poética del concepto de mímesis[1], imitación, que aplica en todo su tratado. Si bien este texto pretende abarcar los diferentes discursos poéticos, es en la tragedia y el teatro en donde todo su talento se desborda. En la reflexión sobre los mismos, Aristóteles nos muestra la suma importancia del argumento, del discurso narrativo, que imita la acción. El argumento, para la realización de una  buena tragedia, no ha de ser simple sino complejo y constituye el “alma” de la Tragedia, siguiéndole los personajes. Además nos proporciona una serie de características que ha de tener un argumento, su duración, las partes de las que se constituye, las emociones que ha de transmitir, la unidad del mismo o la importancia de la verosimilitud por encima de que los hechos que se cuenten sean verdaderos o no, siendo importante que el espectador, por fantástica que sea la obra, se identifique con ella y se la crea. Los textos buscan construir su propia verdad a través de la verosimilitud dramática, una estructura interna referente al mundo interno del texto.
Aristóteles designa las reglas por las cuales ha de estructurarse una narración. Fue el primero en establecer los tres dispositivos narrativos; principio, medio y fin, de la misma manera que hizo notar la importancia de los diálogos. Además también es el primero en realizar un estudio de recepción, ya que la Tragedia ha de provocar tres estados en el espectador: compasión, temor y catarsis[2]. Hoy en día existen numerosos psicológicos y sociológicos que se centran en la recepción del espectador y las sensaciones que el cine causa en él, no obstante existen numerosas dudas con respecto a que el cine denominado “de masas” pueda causar lo que Aristóteles denomina catarsis.
Así pues, la base de la teoría actual sobre la construcción de guiones de cine se asienta en el texto aristotélico, que se centra en cómo el público responde al drama. Muchos guionistas profesionales y teóricos han reconocido la deuda con el pensador griego, como por ejemplo Irwin Blacker, Syd Field, Javier López Izquierdo o Linda Seger. Pedro L. Cano, en su libro De Aristóteles a Woody Allen: Poética y retórica para cine y televisión (1999) comenta con brevedad, pero con un estilo claro, las aportaciones de la Poética a la teoría actual sobre el guión de cine, y establece los puntos clave a los que prestar atención desde el punto de vista del escritor de guiones, siempre tomando como referencia el aristotélico. En el cine actual podemos hablar de diferentes género y subgéneros cinematográficos; terror, cine negro, musical, western, fantástico, ciencia ficción, etc. Sin embargo, las grandes clasificaciones genéricas no se alejan de la clasificación que establece Aristóteles en la Poética; drama, comedia y tragedia. Independientemente de cual sea el género elegido, los guionistas deciden qué elementos de la historia han de ser desarrollados mediante el texto y cuales mediante la representación. Gran parte del argumento puede ser desvelado al espectador mediante diálogos, como en el caso del comienzo del Macbeth de Orson Welles, cuando el propio Macbeth (tras su encuentro con las tres brujas) es informado, a través del Duque Ross, de su nombramiento como Duque de Cawdor. Por otro lado y en la misma película, vemos como el bosque de Birman se acerca a Dunsinane proclamando la veracidad de la profecía de las brujas. La narración aquí se nos transmite mediante imágenes.

Aristóteles establece que si la mímica está realizada de manera correcta, entonces el espectador disfruta y estaríamos frente a una buena obra de arte, algo que es compartido por la industria del cine actual. Ahora bien, ante esta afirmación surge lo siguiente; si asumimos que una obra es buena cuando el espectador disfruta, deberíamos asumir del mismo modo la otra premisa que subyace a ese enunciado, es decir, si el espectador no disfruta en la contemplación de una obra de arte significa que ésta no es buena. Efectivamente, la industria actual del cine de Hollywood, elabora sus producciones atendiendo principalmente a la reacción del público ante el drama, a que los contenidos de sus películas sean lo más homogéneos posibles para de esta forma llegar al mayor número de espectadores posible, aumentado de esta manera el beneficio económico de las productoras. Un ejemplo paradigmático de este hecho está constituido por Star Wars (1977) de George Lucas, que ofreció al público de la década de los 70’s lo que éste estaba buscando con un profundo conocimiento de lo que la historia causaría, convirtiéndose en un éxito social y económico. Con homogeneización quiero referirme a que cuanto menos cuente una película más serán los espectadores que la visualicen, dejando intactas las estructuras mentales del público, eso sí, tocando las pasiones más elementales de la sociedad. Otra característica de este tipo de producciones es la banalización que originan en el contenido y que proyectan sobre el público. Es decir, Iron Man 3 (2013) de Shane Black, tendrá un mayor número de espectadores que Holy Motors (2012) de Leos Carax, principalmente porque la primera narra hechos estandarizados y banales, dirigidos a cualquier persona, sin embargo la segunda película sería mucho menos visualizada dado su contenido específico. Lo que pretendo ilustrar con esta reflexión es que no porque el público disfrute de una obra de arte, significa que ésta sea buena, a no ser que clasifiquemos la calidad de dichas obras de arte en base a criterios de consumo y asumamos que su finalidad principal es entretener. De esta forma, creo que podríamos diferenciar entre un buen guión y un guión que entretiene o divierte. Por supuesto que esta última reflexión tiene como origen una interpretación literal de la Poética de Aristóteles y su trasvase el mundo actual, siendo perfectamente consciente de las diferencias en cuanto a la representación y al público en la época de Aristóteles y en el siglo XXI. No obstante, y aunque Aristóteles no quisiera establecer la calidad de una obra de arte en base a su capacidad lúdica, la industria del cine actual se encuentra imbuida por el mercantilismo y el consumo de masas. También podríamos pensar que, efectivamente, un guión bueno es aquel que entretiene, dado que si no es capaz de mantener al espectador visualizado la película, ya sea banal homogénea o todo lo contrario, no tendría sentido. Pero incluso en este caso, y en referencia al cine de masas actual, el espectador que permanece en la sala de cine ante una película muestra una disposición pasiva con respecto a la obra de arte. Tabú (2011) del portugués Miguel Gomes, comienza con una serie de escenas a través de las cuales (cuya voz está en off) se nos narra la historia de un explorador portugués en África, huyendo de sus propios fantasmas. Cuando esta serie de escenas termina, aparece una mujer sentada en una sala de cine vacía, y con los ojos muy abiertos. No sabemos, y ni siquiera podemos intuir dada la organización narrativa de la película, si esa mujer estaba visualizando lo mismo que nosotros, espectadores que vemos a un espectador. En cualquier caso, la mujer mostraba una actitud activa frente a la película. La conclusión final a la que llego con respecto a este tema es la siguiente: un guión que entretiene y divierte al público necesariamente ha de poseer calidad en su forma, pues de lo contrario la película no conseguiría llegar al espectador, pero no en su contenido, en lo que se refiere al cine de masas.
 En la Poética no todo son argumentos en pro de la calidad de una obra, sino también de su viabilidad. La duración que un guión vaya a imprimir en una película es un aspecto de suma importancia, así como el orden de las acciones y lo que la obra ha de incluir. Por ejemplo, El gabinete del doctor Caligari (1920) de Robert Wiene[3], aúna gran parte de los elementos claves considerados por Aristóteles; la muerte a través de los asesinatos acometidos por el sonámbulo Cesare, la peripecia[4] en la que se ve envuelto Francis, el reconocimiento que se origina cuando éste descubre que Cesare era un monstruo controlado por el Doctor, y se basa fuertemente en unos personajes. En Strangers on a Train (1951) de Hitchcock, Bruno Anthony asesina a la esposa de Guy Haines, quien así se da cuenta que tal hecho corresponde con una proposición que Bruno le había hecho durante un viaje en tren. Muchas películas cuentan con todos estos elementos designados por Aristóteles, desde el ya citado Gabinete hasta  Blade Runner (1982) de Ridley Scott o Seven (1995) de David Fincher.
También ilustra Aristóteles a los guionistas en cuanto a las tramas principales y secundarias. Así, existen películas con diversas tramas secundarias, como por ejemplo Pulp Fiction (1994) de Tarantino, o Rashomon (1950) de Kurosawa, en donde tres tramas diferentes componen maravillosamente una sola, nos encontramos con obras más sencillas en este aspecto como M (1931) de Fritz Lang, en donde un asesino (Beckert) es perseguido por sus crímenes.
Again, Tragedy is the imitation of an action; and an action implies personal agents, who necessarily possess certain distinctive qualities both of character and thought; for it is by these that we qualify actions themselves, and these—thought and character—are the two natural causes from which actions spring, and on actions again all success or failure depends. Hence, the Plot is the imitation of the action: for by plot I here mean the arrangement of the incidents. By Character I mean that in virtue of which we ascribe certain qualities to the agents. (Aristóteles 2000 10).

El diálogo es también un elemento clave en el texto dramático. Los personajes han de poseer ciertas cualidades para garantizar el buen funcionamiento de la obra y el goce del espectador, y el lenguaje empleado ha de ser claro y prestando especial atención a los ornamentos y figuras literarias de los diálogos. No han de ser ni vulgares ni excesivamente pomposo.

Como vemos, la Poética no sólo proporciona una fuente incansable para los teóricos del cine y los guionistas en cuanto a la representación sino que también nos conduce a otros campos de reflexión.

Bibliografía
-                  -Aristóteles (2000). Poetics. Traducido por S. H. Butcher. Pensylvania State University.
-         -Cano, Pedro L. (1999). De Aristóteles a Woody Allen: Poética y retórica para cine y televisión. Barcelona, Gedisa.
-       -López Izquierdo, Javier (2009). Teoría del guión cinematográfico: Lectura y escritura. Madrid, Síntesis.



[1] De μιμεσθαι (mīmeisthai). La reflexión de Platón y Aristóteles sobre la mímesis comienza con la representación de la naturaleza, Aristóteles asegura que el ser humano posee la necesidad de crear objetos que representen la realidad.
[2] Para Aristóteles la Tragedia posee la capacidad de purificar al espectador de las malas pasiones, al proyectarse sobre los actores y ver las consecuencias de dichas pasiones.
[3] Aristóteles no concebía el terror como un género, ni como un elemento principal en una obra. La representación del mal y su presencia como tema principal en una representación no era propia de la Grecia antigua.
[4] Una ficticia y paradójica peripecia teniendo en cuenta que toda la historia consiste en que Francis está ingresado en un psiquiátrico y que toda la narración no es más que una invención de su mente perturbada. 

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