jueves, 1 de enero de 2015

La conciencia ecológica a través de Tolkien y Thomas Hardy



Nos situamos a comienzos del siglo XXI y toda una gama de películas y novelas a lo largo del XX no se han cansado de hacernos llegar la idea de utopía y distopía, sobretodo en lo que respecta a la naturaleza en oposición a la industria y la tecnología. Desde El Señor de los Anillos, Metrópolis, Animatrix, Dark City, Avatar, 12 Monkeys, 1985, Blade Runner, Matrix y un largo etc. En todas estas obras se nos muestra un enfrentamiento entre varios elementos, que origina la pérdida de algo. ¿Qué es eso que perdemos y que tanto añoramos luego?, ¿porqué?. Lamentablemente, la ficción tiene una correspondencia con la realidad en este caso. Así la "Sopa de plástico" o Isla de basura en el Pacífico ocupa ya una superficie aproximada de 1.400.000 km2, sí, está ahí por mucho que no la veamos desde la ventana de casa. Ríos en los que se pescaba y cuya agua era potable hoy en día son de color verde y Madrid, Barcelona y otras ciudades de España lucen una boina negra visible desde la lejanía, haciendo irrespirable el aire a no ser que uno ya tenga los pulmones negros y acostumbrados a tanta polución. Las empresas prefieren pagar las multas por exceso de contaminación que someter sus fábricas a procesos que la reduzcan, dado que lo segundo es más costoso que lo primero y la normativa europea que regula la emisión de diferentes substancias contaminantes no es suficiente. La ciudad de Ferrol ha acabado con casi toda la vida de la ría por tener una depuradora de aguas sin funcionar desde que se construyó, originando que todos los residuos de los habitantes de la ciudad sean arrojados, directamente, al agua.

The casual glimpses which the ordinary population bestowed upon that wondrous world of sap and leaves called the Hintock Woods had been with these two, Giles and Marty, a clear gaze. They had been possessed of its finer mysteries as of commonplace knowledge; had been able to read its hieroglyphs as ordinary writing […] (Thomas Hardy, The Woodlanders,pág 306)


Escena de la película Los Habitantes del Bosque


Avanzaba Adorno en su Ästhetische Theorie, analizando a Humboltd, Kant y Hegel  en cuanto a la estética, que lo bello natural no existe independientemente de la conciencia de cada época. Viene diciéndonos Adorno que el paisaje como tal, como conjunto de signos, como elemento estético no existe sin el ser humano. Al tratarse el paisaje de un “fenómeno mixto” [1] (el juego, o relación entre naturaleza-espacio y ser humano) resulta imperante un nuevo punto de vista que no separe ambos factores. Y es que no se puede comprender el paisaje si escindimos su elemento físico-espacial del elemento que le otorga significado, el hombre.  Y según Adorno sería esta relación la que debería ser objeto de la ética ecológica que llevaría a una nueva praxis. Y es este un cambio percibido sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, en que el hombre ve amenazada o empobrecida su vida, su existencia, como resultado de una mala actuación con respecto a la naturaleza, como muy bien ilustraba el escritor británico J.R.R.Tolkien en el principio de una de sus obras:

Por alguna curiosa coincidencia, una mañana de hace tiempo en la quietud del mundo, cuando había menos ruido y más verdor […].  (J.R.R.Tolkien. El Hobbit,1937. pág.15)

Toda ética se basa en la reciprocidad, de ahí el problema de la ética ecológica y es que si bien el ser humano ha de reconocer a la naturaleza unos derechos, no existe una contrapartida en ese mismo sentido hacia nosotros, sino lo que Hans Jonas denominó principio de la responsabilidad[2], y que se ha conformado como la nueva ética relacionada con la gestión del ambiente natural y también con un cambio en la praxis humana.

Muchas de las casas que habían conocido ya no existían. Algunas parecían haber sido incendiadas. La encantadora hilera de negras cuevas hobbies en la margen norte del lago parecía abandonada, y en los jardines que antaño descendían hasta el borde del agua habían sido invadidos por las malezas. Peor aún, había toda una larga hilera de lóbregas casas nuevas a la orilla del lago, a la altura en que el camino de Hobitton corría junto al agua. Allí antes había habido un sendero con árboles. Ahora todos los árboles habían desaparecido. Y cuando miraron consternados el camino que subía a Bolsón Cerrado, vieron a la distancia una alta chimenea de ladrillos. Vomitaba un humo negro en el aire del atardecer. (J.R.R.Tolkien. El señor de los Anillos, Capitulo Rumbo a casa, pág. 1124).

La ética surge como reflexión del hombre con respecto a algo perdido, que hay que recuperar y conservar. Según Habermas, la estética del paisaje es mucho más efectiva que la ética en cuanto a la nueva praxis. Y es esta estética, fruto de la proyección y contemplación del ser humano sobre el paisaje la que da un valor propio al mismo. Por un lado tenemos los paisajes naturales, pero por otro, son también transformados por el ser humano, lugares en los que el hombre ha dejado una huella. Estos últimos no son espacios estáticos sino que el hombre no deja de relacionarse con ellos, transformándolos continuamente, dotándolos de dinamismo. Por eso, y por todo lo mencionado anteriormente, el estudio del paisaje desde cualquier ámbito no puede entenderse separado del hombre. Se ha intentado establecer una serie de parámetros globales, genéricos para estudiar los paisajes, reduciéndolos a unos arquetipos universales como la antropología, que pretendía que dichos parámetros fuesen invariables. Pero la forma del paisaje es local, diversa y cambiante, como lo es el arte ligada a él.

La transformación de los paisajes por el ser humano puede ir desde la inclusión de un molino en la llanura castellana hasta el máximo efecto transformador, las ciudades, en donde cada vez con más ímpetu se crean jardines  y espacios naturales diversos, paisajes naturales dentro de un paisaje urbano. En el exterior de las ciudades se busca la conservación, restauración y protección de los espacios naturales desde una perspectiva ecológica y de impacto ambiental, siendo reflejo de una nueva sensibilidad de la sociedad actual.



[1] Jörg Zimmer en su artículo titulado La dimensión ética de la estética del paisaje pág.32 en Nogué, Joan: El paisaje en la cultura contemporánea.
[2] Jonas,Hans. El principio de responsabilidad: ensayo de una ética para la civilización tecnológica. Ed. Herder, 1995.

2 comentarios:

  1. Que agradable leer que no sólo los ambientólogos nos preocupamos y escribimos acerca de la ética ambiental y la relación naturaleza-hombre. Siempre que un profesional de otro sector (humanidades y literatura comparada en ese caso)escribe de manera tan acertada sobre el medio ambiente no me queda otra que..."plas, plas, plas"

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  2. Muy interesante la aportación de Tolkien al terreno de la ecología.

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