domingo, 4 de mayo de 2014

El imaginario de “Cantares gallegos”

Rosalía, pintora romanticista

La literatura y el paisaje, y en general el hombre y su entorno, han estado estrechamente relacionados desde que caminamos sobre dos patas (y quizás antes también). El paisaje y la naturaleza han condicionado la obra de muchos autores, desde Tolkien o Hardy hasta Cervantes y Rosalía de Castro. El porqué y el cómo aparece el paisaje en la literatura nos ayuda a comprendernos mejor a nosotros mismos y el mundo en el que vivimos. En esta ocasión y de manera muy breve, quiero reflexionar sobre la cuestión de los elementos paisajísticos que podemos encontrar en los diversos poemas de Cantares gallegos. Éstos constituyen una gran aportación de Rosalía al imaginario gallego. Si bien los poemas presentan un carácter apolítico, es indudable que poseen una función ideológica y social. Para esta breve reflexión he elegido los poemas Como chove miudiño y Alborada.

Es necesario establecer primero una breve explicación sobre porqué estos elementos tienen tanta importancia. El siglo XIX es la época de la pintura de los paisajes, que ya venía incrementando su papel artístico desde aquellas primeras pinturas de los Países Bajos en los siglos XVI y XVII de la mano de Patinir y Brueghel para ya más adelante consolidar el género con Rubens, Poissin o Claudio Lorena. Pero, como ya mencioné anteriormente, es en el siglo XIX cuando el género vive su máximo esplendor. Es el siglo del  romanticismo, ligado a todas las artes, cuando Rousseau, Monet, Van Gogh o Abbati llevan el paisajismo a través de sus diferentes etapas. En esta época se desarrolla una nueva forma de ver el mundo que  lleva a concebir el espacio de una manera diferente. También es la época del Estado-nación en la que determinados elementos espaciales pasan a formar parte de la identidad de los pueblos, una construcción social y también semiótica, próxima al mito cómo diría Roland Barthes. En este sentido el paisaje como mito, estaría formada por diversos elementos espaciales y estéticos que son mito al mismo tiempo, ya que su construcción vendría dada por la apropiación del contenido de un signo lingüístico, construyendo de esa forma un nuevo signo, pero esta vez mítico (1).

Es en este contexto en dónde analizaré estos dos poemas de Cantares gallegos. Rosalía utiliza en los Cantares un elemento principal de contraposición entre Galicia y Castilla, el agua. Agua y verde frente a la sequedad, representados por fuentes, ríos, el mar.

1 Como chove miudiño,
como miudiño chove

Paisaje gallego

Podemos apreciar en estos dos primeros versos de Como chove miudiño uno de los elementos repetitivos más constantes en Cantares gallegos, el agua, con un carácter melancólico del orballar (agua depositada en la hierba y las plantas tras la noche) continuo. Para Rosalía el agua de la lluvia es fuente de vida y fertilidad, y no tiene duda de que para cualquier gallego la lluvia  es un elemento de crucial importancia, no en balde existen alrededor de setenta vocablos para designarla.

16   Misteriosa regadeira
fino orballo no chan pousa

Pero no es solamente un cántico al agua, sino también a la tierra, en donde Rosalía exalta la luz en los árboles, el viento que los mece y el  verde de los campos. Está presente también, aunque lejos del paisaje, el tema del emigrante y la patria madre que llora por sus hijos, la pena por abandonar la tierra hacia otras lejanas y extrañas.

36        Triste vai, que á terra toca
xa cos pés de branca neve,
xa ca fina fresca boca;
triste vai, que ós ceos invoca
i a bicar o chan se atreve.

101        Os que son nela nacidos,
os que son dela mimados,
lonxe dela están doridos
porque van de amor feridos
por quen fono amamantados.

111      ¡Probe nai, canto te quero!
¡Nai tamén, ¡ai!, da nai miña!
O teu chan de amor prefiero,
a canto hai grande ou severo
en toda a terra xuntiña.

Se menciona también Italia (de la misma manera que en otras ocasiones se emplea el paisaje suizo) como recreación de paisajes idílicos, que, comparándola con la tierra gallega sirve para acrecentar las diferencias con respecto a Castilla.

86   ¡Sol de Italia, sol de amore...!

En general, se puede decir que el paisaje en la obra de Rosalía ejerce en ella un efecto de transición entre la dulzura y la melancolía, entre la calma e la tempestad. De esta manera la descripción del paisaje queda ligada al estado de ánimo de la poeta, así por ejemplo describía su pueblo, Padrón, con una tristeza inconmensurable por ter que marchar. Pero retornando a la concepción estética del paisaje, podríamos decir que Rosalía ejerce de pintora impresionista en muchos de sus versos, en los que juega con la luz (y también mucho con la sombra) para acentuar los elementos paisajísticos de los que habla, los rayos del sol sobre el agua, el agua brillante entre la hierba, etc.

En Alborada, ya en los primeros versos, se confirma una repetición de muchos elementos de los que estamos hablando, que tienen una gran diversidad de significantes, no arbitrarios (mito motivado por el significado). En la construcción de un imaginario, opera la repetición, la ilustración de la naturaleza simbólica y no racional, la estética.

8       ¡Canta,
paxariño, can-
ta—de ponliña en pon-
la,—que o sol se levan-
ta—polo monte ver-
de,—polo verde mon-
te,—alegrando as her-
bas,—alegrando as fon-
tes!...

La repetición es un recurso poético, pero en este sentido hablamos de repetición de elementos paisajísticos en toda su obra. Estos versos de Alborada ilustran de manera muy representativa los principales elementos paisajísticos presentes en los Cantares; agua, montes, luz, campos.

32     Que a auroriña
o ceu colora cuns arbores
que namora,
cun sembrante
de ouro e prata
teñidiño de escalrata.

.
Cuns vestidos
de diamante
que lle borda
o sol amante
antre as ondas
de cristal.

En estos versos del  mismo poema un cierto tono impresionista, a través del tratamiento literario de los colores y la luz, sobresale de las rimas. Así, podríamos caracterizar a Rosalía como una pintora del imaginario gallego, que contribuye a mitificar, en relación al proceso del que hablábamos anteriormente y que definía Barthes, los elementos paisajísticos ya mitificados de por sí con la pintura paisajística del  romanticismo.

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