martes, 17 de junio de 2014

La universidad bajo la arena. Parte I.

"Tendré que darme un tiro para inaugurar el verdadero teatro, el teatro bajo la
arena". El Público, Lorca.

Dentro de los muchos problemas con los que tienen que lidiar las universidades españolas, uno de los más repetidos es el cuestionamento de la apertura de estas instituciones y del propio mundo académico hacia la sociedad. Es incuestionable que la universidad proporciona formación a sus alumnos pero tiene también otra función a parte de expeditar títulos y producir avances en temas de investigación. La teoría nos dice que esa investigación es útil para las personas y/o entidades situadas en su ámbito, mejorando de una manera u otra, la calidad de vida de la sociedad. Y es sencillo aplicar esto a ramas como la medicina, la ingeniería civil o agrónoma. Diferente es el caso de las Humanidades, que encuentran complicado el que se valore la investigación en bienes no tangibles (pero esto es otro asunto).

La investigación en Humanidades, con la cual esté quizás más familiarizado, puede llegar a ser extremadamente útil para la sociedad. Sin embargo, han sido pocas las ocasiones en las que he conocido académicos con claros objetivos sociales, preocupados por la pésima situación global tanto en términos culturales como económicos o ambientales. Los que merecen un respeto por su labor para con la sociedad los he podido contar con los dedos de una mano, y a esos los admiro. ¿Cual es la utilidad social de diez personas reunidas en una sala universitaria discutiendo sobre sus diversas publicaciones en cuanto al papel del disfraz en El Mercader de Venecia y El sueño de una noche de verano?. A parte de que sea un tema muy interesante (que lo es), ¿dónde se refleja esa actividad y qué repercusión tiene en el ciudadano?. Y es que en la casi totalidad de ocasiones se queda en esa sala y en la publicación de un acta.

Muchas veces, la academia olvida que gran parte de los fondos que hacen posible la actividad docente e investigadora es de origen público. Las universidades gastan miles de euros mensualmente en organizar conferencias, traer a los mejores especialistas desde el extranjero para que presenten sus artículos o den una charla, catering, alojamiento, medios, etc. ¿Cuánto dinero puede costar traerse a un profesor (ya jubilado) desde Exeter a Santiago de Compostela para que esté en el tribunal de una tesis y asista a un par de conferencias?. Bien este profesor no entendía una palabra de español, idioma en el que se presentaba la tesis (temas de desarrollo agrícola), así como en el que se desarrollaron las conferencias. Se fue sin pena ni gloria  después de que la universidad se hubiera gastado un dineral. Evidentemente alguien no estaba haciendo bien su trabajo, y ese no era el inglés, quien me preguntaba con gestos de incredulidad y pesar cómo era posible que se hubieran gastando tantos fondos en él para nada. Estuvo un mes en Galicia, pagado con dinero público. Y aún en el caso de que hubiera podido entender y participar en dichos eventos, ¿cual es la función social de los mismos?, ¿cómo se justifica el gasto público?. Cierto es que en España falta dinero para la investigación, pero también es cierto que gran parte del poco que se tiene no se administra adecuadamente.

Me gustaría hablar sobre la verdadera universidad, la que se encuentra bajo la arena, frente a la que está al aire libre. El "público" de la universidad al aire libre es la misma universidad, el grupo de académicos, profesores y estudiantes que la utililizan como una plataforma que les permite incrementar su ego y servir a unos fines personales u obtener un determinado prestigio en sus campos. Es una universidad vacía y carcomida por el egoísmo de los hombres que escuchan su propio eco.

El "público" de la universidad bajo la arena es el individuo en sociedad, cuyos problemas han de ser solventados gracias al saber originado en la actividad académica. Esta universidad no tiene muros (ni físicos ni simbólicos), sale a la calle y habla con los ciudadanos que son la razón de ser de la institución, tampoco prohibe la entrada a sus bibliotecas a los no miembros.

Es necesaria una universidad desnuda, desenmascarada, ética y empática. La universidad no vale para nada sin prestar atención a su público, sin representar las obras que son necesarias con los actores adecuados. De lo contrario, corre el riesgo de quedar sepultada para siempre bajo una capa de cemento amasado con infamia, falsa elocuencia y afán por tenerla más grande que el profesor del despacho de al lado para, más adelante, morir.








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miércoles, 4 de junio de 2014

La Abadía del Crimen o: de como ha cambiado el contexto de las cosas

Para muchos La Abadía del Crimen es un videojuego muy conocido, para otros no, a los que quizá les diga más el título El Nombre de la Rosa, novela en la que se basa. Producido en 1987 por Paco Menéndez, es un juego que siempre ha recibido un buen trato por parte de la crítica española (en parte por ser producto español, hay que decir la verdad también). 

Hay un artículo en Meristation que habla en detalle sobre el autor, su carrera y su obra, por lo que no nos centraremos aquí en ello. Lo cierto es que La Abadía del Crimen (o mejor dicho, su proceso de producción) nos ilustra claramente los cambios que se han producido en las últimas décadas dentro del mundo del entretenimiento, las adaptaciones, remediaciones y demás.

En el momento de su producción, se contactó con Umberto Eco para poder hacer una versión oficial de su novela, pudiendo así adoptar no sólo parte de su contenido sino también el título El Nombre de la Rosa. No obstante, el autor o su representante no consintieron en que se empleara el título del libro para el videojuego. El libro se publicó por primera vez en italiano en 1980, al español en 1982 y  al inglés en 1983. La conocida adaptación de cine fue producida en 1986, de la mano de Jean-Jacques Annaud y con Sean Connery (Baskerville) y Chistian Slater (Adso) como principales actores.

Portada de la Abadía del Crimen 1987

Por aquel entonces el mundo de los videojuegos no había experimentado todavía su gran "boom". Si había tenido grandes momentos y un desarrollo plagado de subidas y bajadas, pero no fue hasta principios de los 90 en que las video consolas llegaron a manos del "pueblo llano". Los precios habían bajado considerablemente y muchas compañías se hacían cargo de la fabricación de videojuegos (más adelante esta industria caería en las manos de dos o tres grandes compañías). ¿Y dónde nos encontramos ahora?, pues en la era de Internet y los videojuegos.

Hoy, probablemente Umberto Eco no habría dudado en ceder parte de los derechos para la producción de La Abadía del Crimen, a sabiendas de que un videojuego es un elemento muy importante de la sociedad actual. La industria ha cambiado mucho y ahora resulta un tanto reduccionista hablar sobre un libro o una película sin mencionar su contexto y sus adaptaciones. Es recomendable analizar los productos culturales actuales como un conjunto y de esta manera tener un mejor conocimiento de los mismos, de sus intenciones, objetivos y razón de ser (que en algunos casos ni existe).

¿Qué habría podido ser El Nombre de la Rosa si hubiera sido creado este año?,  manteniendo la hipótesis de que la industria hubiera puesto los ojos en este libro y que su autor hubiera cedido a la venta de sus derechos (si Tolkien levantara la cabeza le hubiera dado una bofetada a más de uno por haber creado algo tan infame como la adaptación cinematográfica de El Hobit). Bueno sin duda hubiéramos visto varias adaptaciones a videojuego (con los derechos de la novela), alguna novela gráfica, una película (esta vez infame), un libro de ilustraciones sobre la película, otro videojuego con los derechos de la película, novela gráfica, llaveros emulando un libro envenenado y por último, y no por ello menos importante, una serie de HBO con todo lo que ello conlleva.

El mundo de los videojuegos y del cine (en su contexto más globalizador) ha cambiado tanto que los procesos de producción y comercialización poseen ahora nuevas estructuras y han llegado a invertir el orden de las cosas. Es decir, muchas veces no es ya el libro el que hace el videojuego, la película o el comic, sino al revés. Toda esta serie de adaptaciones y remediaciones crean un contexto que normalmente es olvidado por la crítica, mayormente limitada a dar una inútil descripción de un elemento como puede ser un videojuego.

Es tan importante tener en cuenta este contexto  hasta tal punto que los escritores pueden llegar a modificar su obra en función de la opinión pública que esta maquinaria es capaz de propiciar


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