jueves, 25 de septiembre de 2014

Sobre Poe, el vino y la Inquisición

Decía alguien que "...sin la sangre, lo grotescto y lo sobrenatural, se pierde gran parte de una buena historia de terror". Esta afirmación no hace más que recordarme la breve historia que Poe publicó en el año 1846, El barril de Amontillado, ya en su etapa más madura como escritor, que me atrevería a categorizar como "limpia". Este cuento de Poe sustituye la sangre por el vino, nos priva de cualquier tipo de hecho o sensación desconocida para el lector o para los mismos protagonistas. Ni un corte, ni una caída, ninguna incertidumbre con la que jugar.

Poe tenía ese don de crear historias universales e imperecederas. A respecto de esto último me veo leyendo The Monk de Lewis (1796) sin horrorizarme lo más mínimo porque en mi psique el imaginario inquisitorial tiene poco efecto y es la base sobre la que el escritor irlandés alimenta el género gótico de esta novela. Son varias las novelas góticas (algunas españolas) que utilizaron como elemento macabro y horroroso la famosa institución española hasta el mismo momento de su abolición final, en 1834 y tras varios intentos no completamente exitosos. Algunas historias están escritas para una época, otras viven para siempre y El barril de Amontillado es un claro ejemplo de ellas, que seguirá provocando horror a los hombres mientras sigan siendo tal. No se podía alcanzar más con tan pocos recursos y de manera tan breve.

el barril de amontillado


Las venganzas son siempre terribles, ya estén aderezadas con vino o sin él. La historia cuenta como, durante una fiesta de carnavales en Italia, Montresor se encuentra con Fortunato, ebrio. El segundo había ofendido al primero en el pasado y Montresor, aprovechando el estado de Fortunato, decide cobrarse la venganza. Así pues, guía a Fortunato hacia sus bodegas, en las que dice guardar un barril de buen Amontillado. Fortunato no duda en seguirle al pasaje subterráneo en donde, bajo la promesa de guiarlo hacia el preciado Amontillado, es encadenado en una pequeña sala que apura en tapar con ladrillos y argamasa (con sus evidentes similaritudes a El Gato Negro, 1843). Así, la historia conduce a un callejón sin salida en donde la vida es maravillosa para el que sube de nuevo las escaleras, pero la muerte la hace terrible para aquel cuyos gritos se pierden tras un muro de crueldad humana.

El 2 de Octubre de 1949, Borges publicaba un artículo sobre Poe en La Nación:
 
[...] También, y esto es más importante y más íntimo, pertenece a lo intemporal y a lo eterno, por algún verso y por muchas páginas incomparables. De éstas yo destacaría las últimas del Relato de Arthur Gordon Pym de Nantucket, que es una sistemática pesadilla cuyo tema secreto es el color blanco. 

 La "intemporalidad" de sus historias se la ganó a pulso. Podríamos decir que su huella ha quedado fuertemente grabada en la literatura y el cine detectivesco (Los Crímenes de la Rue Morgue) y de terror, y no andaríamos desencaminados pues ambos géneros han sido fuertemente influenciados por sus escritos. Pero más fuerte, si cabe, es la impronta que han dejado historias tan magistralmente escritas como El barril de Amontillado, cuyo horror viaja entre una época y otra sin perder un ápice de efectividad.

Seguir leyendo

viernes, 5 de septiembre de 2014

Las máquinas de Miyazaki

Que Miyazaki ha sentido siempre una profunda pasión hace el acto de volar y las diferentes máquinas que el hombre ha inventado para tales propósitos, no es ningún secreto. Algo que siempre me ha causado gran fascinación es el diseño y la representación de dichos medios de transporte en las películas de animación de Hayao Miyazaki.



A través de sus películas comprobamos como el hombre, independientemente de su entorno o de los materiales disponibles, siempre se preocupa por surcar los cielos. Así, en películas como Porco Rosso  los hidroaviones son una pieza fundamental en toda la película. Lo mismo ocurre en Nausicaa, en donde, a pesar de desenvolverse la acción en un mundo postapocalíptico, la humanidad se las ha ingeniado para construir enormes naves voladoras. Pero no sólo aviones u otros tipos de máquinas voladoras disfrutan de un importante papel en las películas del director nipón, no es la primera vez que vemos un castillo entre las nubes (Laputa).


Como no podía ser de otra manera, su último filme, El Viento se Levanta, narra la historia de Jiro Horikoshi, un ingeniero nipón cuyo sueño de fabricar hermosas máquinas voladoras se frustra cuando comienza a trabajar como diseñador de aviones de combate para el ejército japonés.

A veces me pregunto si mi trabajo no me estará desviando, como a Jiro, de mi sueño. 

Para muchos, Miyazaki siempre será el niño que quería volar.







Seguir leyendo