lunes, 2 de marzo de 2015

Cuando lo mágico se convierte en real, o no.

En el cine, se han adaptado muchas historias provenientes de la literatura. También así se han exportado géneros literarios, de los cuales el realismo mágico ha sido poco tratado y quizá, con poca fortuna debido a la complejidad formal que requiere su plasmación en el cinematógrafo. Así, de los pocos directores que se han aventurado con este género tan vinculado al mundo actual, menos son todavía los que han representado con éxito las características de este género. Cine y literatura han tenido una estrecha relación desde el nacimiento del primero.



No solamente el cine ha bebido de la adaptación de grandes clásicos de la literatura, y que todavía a día de hoy se sigue nutriendo, sino que también ha tomado formas y contenidos para contar sus historias. Así, tanto en literatura como en cine, podemos encontrarnos historias de terror, de aventura, de intriga, de fantasía o de amor. Un género literario poco conocido por el gran público, complicado de definir, ha sido también objeto de adaptación y asimilación por parte del cine en los últimos tiempos, pues es un género “joven”: hablamos del realismo mágico. Sin duda, muchos lectores conocerán esa película estrenada en noviembre de 2012 y dirigida por Ang Lee titulada La Vida de Pi, esa otra película de Henning Carlsen, Memoria de mis putas tristes (2011), Big Fish (2003) o el archiconocido filme de Terry Gilliam Las Aventuras del Barón Munchausen (1988). Las dos primeras son adaptaciones de los escritos homónimos de Yann Martel y Gabriel García Márquez (gracias Gabo), y la tercera bebe de las historias populares alemanas que hablaban sobre un noble que luchaba contra el Imperio Otomano.


Este realismo mágico que mencionaba anteriormente es lo que da conexión a estas tres películas, género en el que se afincan las novelas de las que nacen estas adaptaciones. ¿Pero cómo definir este género literario y también cinematográfico, qué es realismo mágico? Este género se constituye como una forma híbrida entre modernidad y tradición, memoria e historia, un lugar en los márgenes de la realidad que representa lo mágico y maravilloso de una manera racional, originando que la frontera entre lo que es real y lo que no, se diluya como un azucarillo en un café. El término fue primeramente acuñado para ser empleado en pintura y más adelante pasó a ser asociado este término a la literatura latinoamericana de escritores como Juan Rulfo, García Márquez, Miguel Ángel Asturias y muchos otros. Hoy en día el realismo mágico es un género utilizado en muchos otros países, por autores como Ben Okri (Nigeria), Salman Rushdie (La India) o Tashi Dawa (El Tibet). Esta fusión entre modernidad y tradición, lo real y lo que no lo es, resulta muy efectiva a la hora de facilitar la expresión cultural y la hibridación en países o regiones cuyas culturas se encuentran en procesos de emergencia o que presentan dificultades a la hora de ser escuchadas.


Adaptar este género al cine es toda una hazaña, pues es muy complicado evitar que el realismo mágico se torne realista cuando se filma, siendo también complejo y arriesgado categorizar películas dentro de este género. ¿Es un género exclusivamente efectivo en la lengua escrita? Quizá no sea así, pero lo cierto es que muy pocos directores han logrado plasmar en la gran pantalla esta fusión entre lo mágico y lo real, esa sensación de cotidianeidad que, de repente, se rompe para mostrarnos un mundo en el que quizá no creamos, o que , llegado a cierto punto, consideremos más real que la realidad misma. De esta forma, la mayor parte de las novelas y relatos de Gabriel García Márquez han sido adaptados al cine desde una postura realista, ante el problema formal que se origina cuando las imágenes cinematográficas pierden en gran medida la abstracción de la que es capaz la literatura. La genialidad en el mundo del cine no se ha declinado con frecuencia por este complicado género.


Las Aventuras del Barón Munchausen, aún inclinándose hacia el cine fantástico se acercan más al realismo mágico que La Vida de Pi u otras adaptaciones directas de novelas de este género. Dentro de estos genios del cinematógrafo podemos contar al serbio Emir Kusturica, con películas en su palmarés como Time of The Gypsies (1988) o Underground (1995). Esta última película contiene unas escenas brillantemente dirigidas, una música excepcional y un uso del realismo mágico que refleja una visión vanguardista del cine. En la misma línea podemos situar esa gran película de Apichatpong Weerasethakul titulada largamente Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives, cinta estrenada en el año 2010 y ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes de ese mismo año. Esta película Tailandesa habla de la modernización del país tocando el budismo, la reencarnación y el propio significado de la vida mientras busca unas raíces perdidas, saltando entre el género documental y el de ficción, buscando esa frontera, ese lugar en el que lo real y lo ficticio se entremezclan. Este lugar lo definía con maestría Ben Okri en su novela The Famished Road (1991), en donde existen tres lugares de importancia clave: el bosque en donde habitan mágicas criaturas, una carretera que trae el progreso y un tercer lugar que sirve de frontera para los dos anteriores, el bar de Madame Koto, un espacio de confluencia para el realismo Es quizá la dificultad de acercarse al verdadero realismo mágico, aquel que no intenta mutar en realista, la culpable de la escasez de obras de este género. Es complicado filmar este tipo de género y de categorizarlo y, posiblemente también, el acomodamiento a formas del cine ya establecidas y muy convencionales no ayuda. El realismo mágico es un género que nos exige una determinada posición de lectura, de producción y de visualización en el caso del cine 1. Time of the Gypsies (1988) Cuenta la historia de un chico rumano, Perhan, que posee poderes psicoquinéticos, y su transición desde su juventud en un pequeño pueblo de Yugoslavia al mundo criminal de Milán. Una de las grandes obras de Kusturica y filmada en Sarajevo y Milán.

2. Las Aventuras del Barón Munchausen (1988) El maestro del cine Terry Gilliam nos cuenta las aventuras de Munchausen cuyo objetivo es salvar una ciudad de su derrota. En sus viajes llega a la luna, es tragado por un gigante monstruo marino y baila con Venus entre otras muchas aventuras, improbables, o quizá no.

3. Big Fish (2003) Adaptada por Tim Burton de la novela homónima del escritor Daniel Wallace. Esta película narra la historia de un hombre moribundo en su lecho de muerte a cuyo lado, su hijo, escucha las maravillosas y poco creíbles historias de su juventud, representada por Ewan McGregor.

4. Being John Malcovich (1999) Categorizada muchas veces dentro del género de la fantasía, esta película es mucho más. Craig Schwartz encuentra una puerta que lleva directamente a la mente de John Malkovich, que realiza una representación ficcional de sí mismo en este filme de Spike Jonze.

5. Like Water For Chocolate (1992) Una adaptación de la novela mágico realista con el mismo nombre y escrita por la mexicana Laura Esquivel en 1989). Tita y Pedro se enamoran, pero la tradición familiar, defendida a ultranza por la madre de ésta, no permite el matrimonio de los enamorados por ser Tita la menor de las hijas, la cual ha de quedar soltera según las contumbres.

6. Shadow Kill (2002) Un hombre cuyo trabajo consiste en ejecutar a prisioneros condenados a muerte se cuestiona las implicaciones morales de su trabajo después de ejecutar a un hombre inocente. La película se desarrolla en los últimos días de la ocupación inglesa de la India. Una película que cerciora la gran calidad del cine hindú, y que dice mucho del proceso de descolonización de un país.

Este artículo puede leerse también en Noot Magazine, lugar en que lo publiqué originalmente.
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