lunes, 1 de febrero de 2016

La escuela del trabajo

En los días que corren, con más pena que gloria, nos escandaliza el mal funcionamiento de nuestro país, en forma de corrupción (la de casos aislados y otras), en leyes como la del peaje al sol, la mordaza, la privatización de servicios públicos y toda una serie de fenómenos políticos que normalmente achacamos a... los políticos.

Pensamos entonces en el bajo nivel ciudadano de nuestros vecinos y en que las cosas siempre han sido y serán iguales, pues no podemos olvidar que el funcionamiento de un país se debe principalmente a sus ciudadanos, cuya representación es elegida mediante sufragio universal. Además también esto incide en otras sanas prácticas como la solidaridad, el respeto por el medio ambiente, el filtrado de información en la era de la comunicación o el intercambio cultural positivo. Después acudimos a la educación, y decimos que una buena reforma sería la solución a todos nuestros males. LGE, LOGSE, LOCE, LOE y LOMCE, así llamados los papeles que traían la salvación de la sociedad como si fuese el vellocino de oro. Cabe preguntarnos cual es la diferencia entre una ley y otra y recapacitar si en su esencia son la misma ley. ¿Que ocurriría si dijésemos que el problema de poseer ciudadanos de poca calidad democrática no se encuentra en la legislación del sistema educativo si no en la misma concepción de escuela? ¿Qué si educamos a futuros trabajadores asalariados y no a ciudadanos?.

leyes educativas


La escuela no fue fruto de una necesidad científica o humanista, sino de un momento muy concreto de la historia, a principios del siglo XIX tras la pujanza de los Estados Unidos y Francia, y de unos protagonistas no menos concretos, la triunfante burguesía que había acabado con el Antiguo Régimen y que traía el progreso con la industrialización y la liberación del mercado. Esta burguesía que había llegado al poder necesitaba un elemento de legitimación, un instrumento que llevase sus principios a toda la sociedad y formase a los futuros trabajadores que ésta necesitaría. ¿Qué mejor que un organismo público y gratuito para llegar a todo el mundo? Así se creó la escuela, aunque tuvo que evolucionar hasta que ésta llegase a todos los ciudadanos. No hay que confundir esta escuela con la alentada por los principios franceses más revolucionarios, que veían en la escuela un elemento para formar a las personas como ciudadanos, sino otra escuela algo diferente.

Así, y hasta día de hoy, la escuela (al menos bajo la tradición teórica estructuralista, con Bourdieu como buen representante de la misma) replica la estructura social creada por las clases dominantes y las relaciones propias de los trabajadores asalariados. Es algo que todos conocemos y aceptamos; queremos que la escuela eduque a nuestros jóvenes para su mejor adecuación al mercado laboral que encontrarán en la vida adulta, esto es la sociedad de mercado.

En las aulas se enseñan las actitudes y comportamientos sociales propios de la clase trabajadora (que recibe un salario por su labor). Se presenta al profesor como una figura autoritaria que presenta el conocimiento y unas tareas en las cuales los alumnos no tienen ningún tipo de incidencia (ni eligen las tareas, ni el contenido de las asignaturas, ni la forma de evaluación). Se enseña a realizar el trabajo de la manera más eficaz y eficiente, siempre respondiendo a las órdenes del personal docente. Además se fomenta el individualismo y la competencia, principalmente a través de los métodos de evaluación, que premian a aquellos alumnos "mejores" que los demás. Esto niega cualquier oportunidad de que los futuros adultos puedan organizarse de manera reaccionaria. Por otra parte, ¿qué contenido se estudia en la escuela?, principalmente contenido enciclopédico destinado a su memorización y otro contenido práctico fundamentado en las matemáticas, la física y la química. Dentro del contenido enciclopédico destacamos el papel de las Ciencias Sociales, empleadas por el gobierno central y las autonomías para transmitir una determinada ideología (sobre todo la idea de nación, recalcando las fronteras externas del país y suavizando las interiores en Geografía, y estableciendo un pasado común para todos a través de la Historia).

La acción de educar no debería consistir en la transmisión de conocimientos blindados impartidos por una figura que fomenta la actitud pasiva del alumno, sino hacer a éste el protagonista de su propio aprendizaje, fomentando su implicación en la educación, un acercamiento activo al conocimiento, la educación para la diversidad cultural, dejar de ver a los alumnos cómo un grupo genérico y apreciarlo como una suma de individuos particulares y, en general, el empleo de prácticas más democráticas en el aula.

Una batalla que nunca fue presentada fue aquella que pretendía terminar con la dualidad de escuela pública y privada, pues las élites políticas y económicas siempre han querido ser diferenciadas. La sociología ya ha presentado en diversos estudios que los resultados académicos entre centros públicos y privados no son diferentes. Se crea, con esta diferenciación entre aquellas familias que pueden cubrir los costes de oportunidad de sus hijos para que éstos acudan a centros privados y los que no, una importante diferenciación social. Si bien esta diferenciación no tiene una incidencia directa en los resultados académicos de alumnos de diferentes centros, sí origina una diferenciación social que perpetúa la separación clasista y condiciona los itinerarios profesionales de los jóvenes.

Deberíamos pensar si queremos seguir formando a trabajadores o a ciudadanos.

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