jueves, 11 de mayo de 2017

Cuentos de Tokio. Sonrisas sin lágrimas

Cuentos de Tokio oTōkyō monogatari es una película estrenada en 1953 y dirigida por Yasujirō Ozu. Cuenta como una pareja de ancianos realiza un viaje para visitar a sus hijos, que dejaron su casa hace años para ir a vivir a Tokio. La historia es sencilla y se cuenta de una manera muy sencilla también, y al mismo tiempo es compleja en todos los pequeños detalles que posee.


La cámara es estática en prácticamente todas las escenas. Cámara baja apropiada para filmar una cultura que vive muy pegada al suelo. Cuentos de Tokio habla sobre la estancia en la gran ciudad de este par de ancianos (Shukichi y Tomi Hirayama) y del regreso a su pueblo. 
La película nos invita a reflexionar sobre la gran cantidad de cambios acaecidos en Japón y que tanto diferenciaron a una generación de su sucesora. Se pueden aprender muchas cosas sobre los japoneses a través de los encuentros y diálogos entre Shukichi y Tomi y sus hijos. Pero sobre todo, a través de los gestos pausados, de los silencios con el té en la mano y de los innumerables planos estáticos en los que, aparentemente, nada sucede.

No obstante, creo que esta es la historia del cambio, del paso del tiempo y de la vida. Una historia de dos bocas, de dos sonrisas. 

Shukichi en Cuentos de Tokio


No importa lo que ocurra, él siempre sonríe, incluso al final, cuando nadie más puede 
hacerlo y alguno querría quitarse la vida. Nuestro querido Shukichi.


Una de las protagonistas de Cuentos de Tokio, Noriko

Aquí Noriko Hirayama. Se casó con uno de los hijos de Shukichi y Tomi, pero éste murió durante la guerra. 

Sus bocas, sin palabras, nos van relatando la historia. Para cada acontecimiento o cada diálogo tienen una sonrisa diferente. Esta película tiene un poder muy especial; causa en el espectador la sensación de que estos personajes no son ficticios sino reales y que los conocemos. Y quizá así sea. 







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miércoles, 3 de mayo de 2017

Tres películas con Peter Lorre

Posiblemente, de entre todas las películas cuyo personaje principal es interpretado por Peter Lorre, seguramente M (1931) de Fritz Lang sea la más conocida (M, el vampiro de Dusseldorf en España). Es durante finales de los años 20 y comienzos de los 30 cuando desarrolla su carrera como actor y Fritz Lang le proporcionó un considerable empujón con M. En esta película, Lorre interpreta a un asesino en serie cuyo objetivo principal son los niños de la ciudad alemana de Dusseldorf. Pero que no se preocupen los espectadores, al contrario que en una película de terror actual, en ésta no hay sangre por todas partes o sobresaltos tras una música tensa.; aquí prima el arte. 


M, el vampiro de Dusseldorf, escena
 M


Quizás por su increíble papel de asesino en M, Lorre tuvo que hacerse cargo de otros personajes con un importante juego psicológico. Uno de estos papeles es el del más que conocido Raskolnikov, en Crime and Punishment (1935) de Josef von Sternberg, que adaptó la obra de Dostoyevsky a la pantalla de cine. En el mismo año, también jugó el papel de un científico de moral más que dudable (nótese la ironía) en Mad Love, de Karl Freund. 

Escena de la película crimen y castigo
Crime and Punishment


Y es que serían quizá sus ojos saltones demasiado característicos como para dejarlos marchar sin antes haberles sacado su máximo partido. Ésta última, Mad Love quizá sea menos conocida que las dos anteriores, ya que la obra de Dostoyevsky y el trabajo de Fritz Lang han obtenido gran fama ya desde que sus obras vieran la luz. Mad Love es una película con un fuerte componente gótico. El sadismo se convierte en elemento principal de la obra, así como en otros clásicos del gótico en la literatura, como por ejemplo The Monk (1976) de Lewis. Es, en muchos casos, el eje de las escenas que, en manos de un gran villano y en presencia de una inocente y desvalida víctima, ocasionan el terrible desenlace de este villano. 


Escena de la película Mad Love
Mad Love
También en The Monk el padre Ambrosio vería su triste final tras liberar sus pasiones más ocultas. 


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martes, 7 de febrero de 2017

Alain Badiou y Elogio del Amor. Parte III. Shakespeare.

En la primera parte realizamos una introducción a Badiou y en la segunda parte explicamos brevemente la relación entre Badiou y el giro lingüistico. Ahora hablaremos sobre dos puntos clave para comprender el libro Elogio del Amor y, al final del artículo nos meteremos de lleno en él. Estos puntos son: la teoría de conjuntos y el acontecimiento.


La teoría de conjuntos y la ontología

La teoría de conjuntos lleva a Badiou a entender la ontología como ciencia de lo múltiple en tanto múltiple. Este múltiple no ha de ser pensado como multiplicidad de individuos, sino como previo a cualquier formación de unidades. 

Lo uno como tal, ya lo he dicho, no es. Lo uno es siempre el resultado de una cuenta, el efecto de una estructura, ya que la forma en que se dispone todo acceso al ser es lo múltiple, en tanto múltiple de múltiples. (Badiou 1999 106). 

Esta multiplicidad solamente puede ser matemática. La ontología, que decide el mundo, determina la gramática y el lenguaje y, por consiguiente, toda teoría es matemática si decide una existencia, decisión que se produce sin la interferencia de fuerzas externas a la propia matemática. Puesto que la lógica queda subordinada a la ontología, puede ser matematizada. Si pensamos la historia, la filosofía o la política desde la decisión ontológica llegamos a una conclusión; la retirada de la multiplicidad señala el vacío, en donde se muestra el ser en tanto que ser. Así pues la matemática elige su objeto y sólo después de ello, emerge el objeto, y sólo la teoría de conjuntos formulada en el XIX por Cantor permite el pensamiento matemático de lo inconsistente. A través de la teoría de conjuntos hacemos universal lo local, proyectando el significado situado en un universo en los restantes universos. Así pues, caracterizar la teoría de conjuntos como ontología es dotar de homogeneización y axiomatización a la misma multiplicidad (Badiou 1999 53). 

El acontecimiento 

En 1988 se publica L'Être et l'Événement. Este libro trata de transmitirnos que el vacío del que hablábamos con anterioridad se muestra porque el acontecimiento le deja lugar y, con esa apertura, surge una verdad, de una manera impredecible, espontánea. Para Badiou, un ejemplo de esto mismo es lo que explica en su libro Saint Paul. La fondation de l'universalisme (1997). En cuanto a la resurrección de Cristo, la muerte sería no el acontecimiento, sino la construcción de localización del acontecimiento, la propia resurrección. Surge el acontecimiento de una situación que no es todo lo que es, constituye una estructura en la que hay algo no presente (algo que no existiría según la lógica hegemónica), un vacío del cual surgen los acontecimientos. Sin embargo, de la existencia de la localización del acontecimiento no es posible llegar a la conclusión de que uno se producirá (Badiou 1999 75). 

En este contexto el sujeto vendría surgido del propio acontecimiento, y no solamente eso, sino que además su definición vendría caracterizada por la fidelidad con que dicho sujeto atienda a la verdad surgida en el acontecimiento que le da origen. Ese acontecimiento pertenece a un universo particular (a lo local), no obstante posee algo que nos puede afectar a todos. En cualquier caso, esta teoría causa cierta esperanza para un mundo inmerso en el neoliberalismo y la globalización, pero en donde lo local puede ser también importante. Los acontecimientos pueden darse en el mundo de la política, la ciencia, el arte y el amor

El sujeto del amor y el acontecimiento que le da orige

En Elogio del Amor Badiou relaciona su teoría sobre el sujeto y el acontecimiento con el amor, en donde se pasa de la singularidad del azar (local) a un elemento universal (global). El mundo, según su pensamiento, podría experimentarse o pensarse desde la diferencia y opone la construcción del mundo a partir de la diferencia contra la propia experiencia de la diferencia.

"En verdad, para mi existe el encuentro con el otro, pero precisamente el encuentro no es una experiencia, es un acontecimiento que seguirá siendo totalmente opaco y no tiene realidad más que en sus consecuencias multiformes en el mundo real" (Badiou and Truong 2012 5). 

El amor se constituiría en una postura existencial a partir de la cual se construye el mundo desde la descentralización del individuo, desde un punto de vista alejado ligeramente del propio interés personal. En esta situación, los dos individuos serían incorporados al sujeto del amor. Los enamorados conforman un “dos”, que surgiría de una diferencia mostrada de forma azarosa en el acontecimiento, que supone una ruptura con la situación actual de las cosas. De la misma manera, el amor entre Romeo y Julieta sobrepasa y es indiferente a las reglas establecidas en la corte de Verona. Ambos pertenecen a mundos diferentes y su encuentro substituye una mirada individual del mundo por un punto de vista desde el “dos”, que se entiende como un elemento múltiple. Esto manifiesta la verdad sobre lo “dos”, la experiencia de la diferencia como tal, y por eso mismo supone un paso a lo universal. En El sueño de una noche de verano, Hermia desobedece a su padre Egeus cuando rechaza casarse con Demetrius, ya que ama a otro hombre, Lysander. Las opciones que se le presentan para huir de este compromiso son dos; la muerte o el voto de castidad. Ambos, Hermia y Lysander escapan al bosque huyendo del destino que la sociedad les impone, seguidos por Demetrius, que busca  asesinar a Lysander, y por Helena, que ama a Demetrius. Los enamoramientos se entrecruzan al entrar en juego Oberon, el rey de las hadas, pero esto no evita que la historia termine con cada pareja en su sitio. Una vez el acontecimiento (azaroso) se produce, a Badiou le importa sumamente la duración de este “dos”. Afirma que la fortuna de ese encuentro puede vencerse. Y por eso, si en Shakespeare vemos el acontecimiento y un atisbo de la percepción del mundo desde la diferencia, no podemos discernir del todo la verdad que entraña ese suceso. 

Cuadro de Edwin Landseer: sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano, de Edwin Landseer
Siguiendo esta teoría, se nos presentarían tres posibles situaciones por las que el "dos" no podría expresar una verdad; el amor clásico, el romántico y el nacimiento de un niño. En el primer caso, dos individuos se suman entre sí conformando la suma de “uno” más “uno”, pero sin llegar a constituir el "dos". En ningún caso se constituye una visión descentralizadora del individuo. Es la “concepción fusional del amor”, en el que éste se disipa en el mismo momento del encuentro. En el segundo caso, el amor romántico, se pasaría del Dos al Uno a partir de dos mitades que se encuentran, como predestinadas a tal hecho, conformando la desaparición de la diferencia. Sería el caso de Romeo y Julieta. La tercera situación se manifiesta mediante el nacimiento de un niño, pasando del Dos al Tres. Sin embargo, Badiou considera que el nacimiento de un niño forma parte del amor, pero no es una consecuencia propia del acontecimiento entre los individuos. 

El Último beso de Romeo y Julieta de Francesco Hayez
El Último beso de Romeo y Julieta, de Francesco Hayez
Si atendemos a las cuatro clasificaciones del amor que sostiene Badiou (1+1, 2=1, 3 y el Dos), la sociedad occidental actual parece decirnos que el imperante es el amor romántico, la búsqueda de nuestra otra mitad, que permite completarnos como individuos. Es quizá la tipología amorosa más útil para el capitalismo, que emplea la sexualidad y el goce (que no se diferencia en demasía de la obligación de ser feliz) inherentes al amor para desarrollar su capacidad mercantil. Por otro lado, el hecho de que Badiou sostenga que para el capitalismo solamente existen lenguajes (en el sentido de que la existencia de diferentes lenguajes es un impedimento para el desarrollo individual dentro del mundo actual) y cuerpos me hace recordar un artículo de Natasa Durovicová y Rosenbaun. En su reflexión sobre el cine, Durovicová sugiere que el inglés norteamericano se ha generalizado dentro de los medios de comunicación cuya proyección es principalmente internacional y mercantil. Un inglés conformado con nuevos términos tecnológicos y de marcas comerciales al que se refiere como “Mcdonalización” (Rosenbaun y Martin 2010), y que constituye una pantalla cuyo resultado es anular una clara percepción del mundo, con la indudable utilidad capitalista y de exportación 
cultural.

La teoría de Badiou se asienta sobre diferentes bases, reconociendo que se trata, por rupturista que pretenda ser, fruto de una tradición occidental cristiana. Pero tanto su teoría del acontecimiento como del sujeto no es solamente aplicable al amor sino también, y como veíamos antes, a la ciencia, la política y al arte. Su deuda con Lacan es indiscutible:

Puede parecer extraño hacer de Lacan un teórico del amor, y no del sujeto, o del deseo. (…) Sin embargo, a través de las  innovaciones de pensamiento que tratan del amor, su empresa constituye acontecimiento y condición para el renacimiento de la filosofía. Por lo demás, no conozco desde Platón una teoría del amor tan profunda como la suya” (Badiou 1989 p. 60) 

Badiou ha soportado muchas críticas en las últimas décadas provenientes de autores como Žižek, Bensaïd, Hallward o Marchart. Sin embargo, independientemente de sus críticos o partidarios, de lo que no cabe duda es de su actualidad. 

Blibliografía

-Badiou, Alain (1999). San Pablo. La fundación del universalismo. Barcelona, Anthropos. 
-Badiou, Alain (1999). El ser y el acontecimiento. Buenos Aires, Manantial. 
-Badiou, Alain (1989). Manifiesto por la filosofía. Madrid, Cátedra. 
-Badiou y Truong (2012). Elogio del Amor. Buenos Aires, Paidós. 
-Gabás, Raúl (2011). Historia de la Filosofía. III. Filosofía del siglo XX. Barcelona, Herder. 
-Kharbe, A.S. (2009). English Language And Literary Criticism. Nueva Delhi, Discovering 
Publishing House PVT. LTD.
-Moretti, Franco. 2000. "Conjeturas sobre la literatura mundial". New Left Review 3: 65-
76. 
-Muñoz Palacios, Rafael (2005). Historia de la Filosofía Occidental: Tomo II: del siglo XVII 
hasta nuestros días. Valencia, EDICEP C.B. 


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